Por ActionCOACH Cristina Campos | Argentina

¿Cuándo nace el coaching? Un poco de  filosofía y analogía en nuestros tiempos, … Si nos remontamos a Atenas (470-399 a. de C.) Encontraremos al personaje más enigmático de toda la historia de la filosofía, Sócrates, quien se llamaba filósofo, en el verdadero sentido de la palabra “uno que busca conseguir sabiduría”. La propia esencia de la actividad de Sócrates fue, que su objetivo no era enseñar a la gente, daba más bien la impresión de que aprendía de las personas con las que él hablaba, de modo que no enseñaba como cualquier maestro de escuela, muy por el contrario, el conversaba… Sin embargo está claro que no se habría convertido en un famoso filosofo  si solo hubiera escuchado a los demás, ni tampoco lo hubieran condenado a muerte.

Cuando Sócrates iniciaba una conversación , al principio solía simplemente hacer preguntas, dando a entender que no sabía nada. En el transcurso de la conversación, solía conseguir que su interlocutor viera los fallos de su propio razonamiento, y entonces podía suceder que el otro se viera acorralado y al final tuviera que darse cuenta de lo que era bueno y de lo que era malo.

Se dice que la madre de Sócrates era comadrona y que Sócrates comparaba su propia actividad con la del arte de parir de la comadrona. Solía decir no es la comadrona la que pare al niño, simplemente esta para ayudar durante el parto. Así Sócrates consideraba su misión de ayudar a las personas, logrando que ellas pudieran parir la debida comprensión, el sostenía que “el verdadero conocimiento tiene que salir de cada uno y No puede ser impuesto por otros. Solo el conocimiento que llega desde adentro es el verdadero conocimiento, Puntualizaba: la capacidad de parir hijos es una facultad natural. De la misma manera, todas las personas pueden llegar a entender las verdades filosóficas cuando utilizan su razón. Cuando una persona utiliza su juicio, recoge algo de ella misma…”

Así, Precisamente haciéndose el ignorante, Sócrates obligaba que  la gente con la que conversaba  utilizara su sentido común.

Un amigo de Sócrates, Querefonte, fue una vez al oráculo del dios Apolo,  Y al preguntar  quién era el más sabio, el oráculo respondió que el más sabio de los hombres era Sócrates. Pero cuando éste se entera, queda perplejo, porque no reconoce en sí mismo ninguna sabiduría en el sentido corriente de la palabra, Sócrates se siente confundido, porque tiene conciencia de estar lleno de dudas, no de conocimientos. ¿Será que el dios ha mentido? Sin embargo, esto es imposible, porque un verdadero dios no puede mentir, como tampoco puede haberse equivocado. Por lo tanto sospecha Sócrates que las palabras del oráculo deben tener un sentido oculto. Para aclarar las palabras del oráculo, Sócrates no encuentra mejor camino que el de emprender una especie de pesquisa entre sus conciudadanos…y decide  interrogar a los políticos, sobre algo que debieran saber muy bien: ¿qué es la justicia? Pero responden mal, o que no saben en absoluto la respuesta,  pregunta a los poetas sobre sus escritos pero, sin embargo, son incapaces de dar razón de lo que dicen, Al final de esta larga pesquisa comprende por fin Sócrates la verdad profunda de la declaración del dios: los demás creen saber, cuando en realidad no saben ni tienen conciencia de esa ignorancia

La refutación era parte del método de Sócrates cuyo objeto era sembrar dudas, hacer que los demás pensasen, en lugar de estar convencidos y contentos de saber lo que en realidad no sabían.  La refutación socrática termina por turbar el ánimo del interrogado -que creía saber y estaba muy satisfecho de sí mismo y de su pretendida ciencia-, hasta dejarlo en una situación en la cual ya no sabe qué hacer, en que no puede siquiera opinar, pues se encuentra como paralizado mentalmente. Pero, ¿qué se proponía Sócrates al conducir a los interrogados a ese estado de turbación?  Pues Sócrates no tenía intención de torturar a su prójimo  pero de esa forma podía señalar los puntos débiles de la manera de pensar de cada uno de ellos, lo hacía para sacarles de su manera rutinaria de pensar y sabía que una sola pregunta puede contener más pólvora que mil repuestas y Puntualizo se ofrecen dos posibilidades ” podemos engañarnos a nosotros mismos y al resto del mundo, fingiendo que sabemos todo lo que merece la pena saber, o podemos cerrar los ojos a las preguntas primordiales y renunciar a conseguir más conocimientos”

Analogía: ya Sócrates hacia coaching, utilizaba preguntas de plata, y llevaba a la toma de conciencia de salir del  “yo ya lo sé”… ¿Cómo estamos al respecto?