Por ActionCOACH Fernando Herrera / México

La principal acción del dueño y director de empresa es el mando, lo cual implica saber dirigir, saber gobernar. El director es ante todo un descubridor de personas: conocer los talentos y cualidades de su equipo para colocar a cada persona en el lugar en que mejores resultados pueda dar. La labor de mando implica hacer trabajar; pero el buen director sabe hacer trabajar a los demás con orden y alegría.

Esto requiere paciencia, pues primero hay que descubrir a las personas, capacitarlas y formarlas para que den lo mejor de sí, lo cual implica prudencia y sabiduría que conllevan la capacidad de observar, buscar y descubrir. Y luego, como la abeja, ser consistente: recoger, aprender, construir y almacenar en bien de nuestro equipo, una y otra vez.

Hacer trabajar con orden y alegría. Una de las finalidades primarias del gobierno en la empresa es que la gente esté motivada, contenta, para dar lo mejor de sí. Gobierno fatal: la eficacia pero la gente con tristeza o enojo.

 

Orden. No sólo el orden personal, sino también el de los demás. Para esto, mantener con claridad el rumbo (visión, misión, valores, metas) y, dentro de éste, los encargos (funciones y responsabilidades) de las personas para que sepan qué hacer y para qué hacerlo. El resto, los activos de la empresa y la información, tienen importancia en la medida en que ayudan al objetivo de la organización. Peligro: el afán de eficacia, buscando resultados al margen de las personas.

Hacer trabajar con orden: orientar, animar, exigir, para que cada uno asuma su responsabilidad y los problemas que les corresponden y no se solapen las funciones. Aquí hay un asunto de importancia: las metas personales deben estar alineadas a las metas de la organización. El orden nos lleva a la unidad, a saber trabajar en equipo, con las prioridades claras. Así se podrá respirar un ambiente de trabajo intenso y colaboración.

Si hay orden habrá paz y armonía. Si falta, todo serán urgencias, acelerones y frenos: Viviremos apagando incendios.

Junto con la prudencia hay dos virtudes importantes, que unen el hacer trabajar con orden y alegría: la fortaleza y la caridad. Con ellas sabremos comprender a las personas y sabremos exigir con constancia, sacando lo mejor de cada uno, hasta alcanzar las metas.

 

Alegría. El crecimiento de la empresa, lleva a la paz y equilibrio en las personas: de ahí procede la alegría. En las reuniones de trabajo procurar ser positivos y optimistas, sin caer en la ingenuidad o en un falso conformismo. Reconocer los problemas y dificultades, pero el tono general debe ser de ánimo e impulso que produzca alegría. El director no puede ser alguien que se la pase quejando o criticando, que vigila con recelo, siendo gris y cenizo en su trabajo. Aprender a ver antes lo positivo que lo negativo, tanto de las personas como de los proyectos.

El director debe saber sonreír, felicitar los logros de su equipo, celebrar los resultados. Ser noble, atento y accesible, no afirmando su autoridad por medio de la distancia. Dar confianza: un gobierno fundado en la desconfianza va mal. Hay que mostrar que se confía en la gente. Así será más fácil y rápido superar los problemas y alcanzar los objetivos de la empresa.